lunes, 21 de julio de 2008

EL DOBLE COMANDO Y LAS MATEMATICAS

Por Gustavo Martínez Pandiani (Decano de Comunicación Social. Universidad del Salvador) para Multimedios Prisma


De acuerdo con el algebra más elemental, 1 + 1 = 2. Pero, claro está, la política –como muchos otros aspectos de la vida social- suele escapar a la lógica de los números. De hecho la historia contemporánea demuestra que, mientras que a veces uno más uno es tres, en otros casos el resultado de la suma es inferior a dos.Un ejemplo claro de 1 + 1 = 3 es la sociedad política compuesta hace medio siglo por Juan Domingo Perón y Eva Duarte, quienes juntos constituyeron
una poderosa amalgama de poder y carisma. Dada la complementariedad de sus componentes, el binomio Perón-Evita quedó grabado en la memoria de los argentinos como una combinación sinérgica y arrolladora.En el caso del matrimonio Kirchner, los esfuerzos de Néstor por apoyar y proteger a su esposa no parecen estar generando los mismos efectos. Aunque el ex presidente tenga las mejores intenciones, su protagonismo efusivo no sólo no fortalece al gobierno de Cristina sino que a menudo lo debilita.Ni bien iniciado el mandato de Cristina Fernández, el patagónico convirtió a sus oficinas de Puerto Madero en un lugar obligado de peregrinación para legisladores, intendentes, empresarios, sindicalistas y gobernadores. Lejos de abocarse al prometido “café literario”, Néstor Kirchner decidió estrenar su traje de titular del PJ, sin percatarse de que las sombras proyectadas sobre el Poder Ejecutivo comenzaban a confundir a la opinión pública.Posteriormente, con el recrudecimiento del conflicto agropecuario, el santacruceño se mostró como el más acérrimo defensor del nuevo gobierno, liderando personalmente actos y marchas de “desagravio y apoyo a la presidenta”. Esta vocación desmedida por ser el hombre fuerte del oficialismo alimenta la mordaz figura del “doble comando” y desgasta al propio ex mandatario.Si bien es cierto que Néstor aún posee mayor poder de captación de voluntades que Cristina, su omnipresencia aísla a la presidenta y reduce su margen de autonomía política. En definitiva, la actual confusión de roles termina perjudicando a ambos. Y la sociedad política por ellos compuesta corre el riesgo de quedar reducida a la desaconsejable fórmula 1 + 1 = 1.


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