
lunes, 26 de julio de 2010
martes, 7 de octubre de 2008
RETENIDOS EN EL VIENTRE

Jesús dijo: “Os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca”.
Juan 15:16
Cada uno de nosotros fuimos creados, escogidos y llamados para fructificar y producir. La producción está ligada a la generación de frutos. Cuando nos enfrentamos a aquella persona que no los da indudablemente está seca. Su trabajo resulta estéril. Al momento de ser creados a la imagen y semejanza de Dios recibimos la tarea de fructificar y multiplicar. Producir es, de alguna manera, manifestar aquello que ha estado presente desde el momento de nuestra concepción, es decir, el don divino.
Lo cierto es que hemos sido bautizados desde antes de la formación en el vientre de nuestra madre con un talento específico. El desafío es descubrirlo y potenciarlo. Cuántos casos observamos hoy en día de jóvenes que comienzan una carrera universitaria y al tiempo la abandonan por no sentirse seguros de lo que eligieron. Cuántas personas aún no encontraron el propósito para el cual han sido creadas y bucean buscando su propio destino. El mayor precio que se paga es la pérdida de tiempo y con ello el hartazgo en la continuación de un proyecto. Seres inconclusos que divagan probando opciones, desviando metas, dejándose llevar por proyectos ajenos al talento propio. Si lleváramos esto al plano de nuestra nación indudablemente debemos reconocer que cada estado soberano también cuenta con ciertas particularidades que lo distinguen del resto.
Si se quiere podemos catalogarlas como bendiciones naturales. Argentina por su latitud goza de una variedad climática que le posibilita sembrar en el lugar menos pensado y esperar a cambio una cosecha inmejorable. Otros países tendrán características vinculadas al sector servicios, tecnología e industrias. La formación intelectual de muchos de nuestros científicos resulta codiciada por el extranjero al igual que la fertilidad de nuestras tierras; entonces, ¿qué nos pasa a nosotros que no lo valoramos? ¿Será que aún no hemos descubierto cuál es el potencial argentino? Hemos visto en el conflicto con el campo que en vez de premiar a quienes producían más, se los castigaba. Aún hoy a nivel gubernamental no se ha trazado una política agropecuaria a mediano y largo plazo.
Los gobiernos pasan y las políticas deberían permanecer. Pero en nuestro país la dirigencia considera más importante pasar a la historia con hechos individuales que con acontecimientos colectivos. Es preciso que nos destaquemos no por la inmediatez en la resolución de conflictos que en sí misma es importante, sino más bien por la previsibilidad en los mismos. La habilidad para llevar adelante el trabajo de producción está completamente ligada a la manifestación de los dones y talentos naturales; para el caso de un país implica hacer uso de sus fuentes de riquezas para posicionarse estratégicamente por encima de sus competidores.
Quizás, y lo más grave, no es que no sepamos cuáles son nuestros recursos específicos o cómo explotarlos sino que se antepone el interés individual del sujeto de turno al frente de un gobierno por encima del interés colectivo y nacional en pos del bienestar general. Aquí resaltamos la falla y la reincidencia que tiene nuestra dirigencia en perpetrar sus objetivos relegando las promesas de campaña para un futuro que nunca llegará a ser tal. ¿Tendríamos que pensar seriamente en implantar un voto de censura para evitar la espera hasta un fin de mandato a la hora de evaluar una gestión? Asistimos a un escenario forjado por una historia paralela. Una historia signada por realidades contrapuestas. Por un lado nos jactamos de un superávit comercial abultado, una fortaleza en nuestras reservas inmejorable. Y, por el otro, el riego país está por las nubes, las inversiones internacionales brillan por su ausencia y sólo Venezuela nos presta dinero a un 15%.
En su Crónica de una muerte anunciada Gabriel García Márquez mezcla mito y realidad. Santiago Nasar era el único que no sabía que iba a ser asesinado. En su alrededor había olor a muerte pero él no lo percibía. Todo se enmarca en un realismo mágico que busca insertar lo extraordinario en la normalidad de lo cotidiano: imposibilidad de acceder al conocimiento de la verdad, violencia, fatalismo y honor utilizado como un implacable mecanismo de venganza al que hay que acudir para restaurar el orden de la moral colectiva. Los analistas internacionales encuadran a la Argentina como un problema analítico a la hora de trazar un estado de la cuestión. Es que internamente se respira un aire distinto al que flota afuera. Todos saben cómo terminará la crónica, menos Argentina. La pregunta es: ¿lo sabe nuestro gobierno? ¿Será que conoce por dónde pendula el maremagnum de catálogos internacionales y no puede modificarlo? ¿No puede o no quiere? ¿Existen compromisos ajenos al común denominador del enfoque ciudadano que nos impiden dar a luz una patria independiente? El fruto retenido en el vientre siempre estuvo allí gestándose sigilosamente a la espera del grandioso nacimiento. El niño está a punto de nacer pero su madre no desea darlo a luz. Así está nuestra querida Argentina. El gobierno no se decide o bien lo hace equivocadamente. Especulan los de afuera intentando dar respuesta a preguntas simples: ¿por qué no prospera Argentina con el capital natural que tiene? El mayor problema es la indecisión a la hora de tomar las riendas certeras para saltar la valla que nos catapulte al merecido éxito. Dar a luz no es sólo un hecho natural, también es un acto voluntario. ¿Faltará voluntad o acaso capacidad para el desenlace?
El mundo sabe de la benignidad de nuestro suelo, no entiende el actuar de los administradores, los empresarios no arriesgan sus capitales en inversiones. Es oportuno que el gobierno no desoiga estas posturas sino que arriesgue medidas que de una buena vez hagan nacer los cimientos vitales de una nueva Argentina.
Gretel Ledo. Abogada en Derecho Administrativo. Politóloga en Estado, Administración y Políticas Públicas Nueva Generación Moral
miércoles, 27 de agosto de 2008
LA INFLACION Y LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA
Por Rodolfo C. Rossi para Multimedios Prisma.com
La deuda pública nacional totalizó US$ 144.729 millones en 2007, representando 56,1 % del PIB, con una caída durante el año del 7,8 %. Sin embargo en términos nominales subió US$ 8.003 millones (5,9 %) en relación con el saldo de fines de 2006. El incremento se explicó, principalmente, por el aumento del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER: US$ 4.580 millones), la consolidación de deudas (US$ 1.104 millones) y la capitalización de intereses (US$ 1.088 millones).
En la composición por moneda, los pasivos denominados en Pesos, eran el 46,9 %; en Dólares 40,70 %; en Euros 10,20 %; en otras monedas el 2,20 %, del total.
A su vez, dentro del 46,90 %, de la deuda en Pesos, el equivalente a US$ 36.356 millones, está indexada al CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia), índice similar al actual IPC (Índice de Precios al Consumidor).
Es de estimar que en el año 2008, con una posible variación anual en el IPC del 9,3 %, el ajuste de la deuda externa, sea equivalente a US$ 3.381 millones. De haberse sincerado a nivel de ajuste inflacionario real (precios implícitos para la confección del PIB anual = 20 %, por ejemplo), el mayor pasivo externo público nacional, solamente por ese concepto, superaría en el 2008, los US$ 7.271 millones.
Es interesante observar, que en el “manipuleo del IPC” el Gobierno Nacional, se ha auto impuesto que la inflación oficial no debería superar, en mucho, el crecimiento del PIB a precios constantes (estimación 7,4 %) para evitar que el stock entre la relación de la deuda pública y el nivel del PIB, no supere el 56,1 %, registrado en el 2007. Parecería que con el “manipuleo” del IPC (actualmente no sirve de referencia para cálculo real alguno), el Estado Argentino se estaría ahorrando el verdadero ajuste de capital, cercano al equivalente, a los US$ 4.000 millones en el año, pero ello, coadyuva al descrédito (exacta terminología) tanto interno, como externo. La pretensión hegemónica de su imposición, a los acreedores externos, incluso, es ingenua. Al respecto, y en un concepto creativo, el IPC debería haber excluido en su metodología, la incidencia de la inflación internacional, en la valorización de los precios internos.
Ello hubiera tenido una cierta relevancia, en defensa de un ajuste, más reducido.
Mientras tanto, lo real y predominante, es que el valor actual de los Bonos Argentinos (por ejemplo, PARP $ Ley Argentina) tiene un valor de paridad del 22,33 %, casi similar a la que el mercado asigna a los Bonos, que el país mantiene impagos (Canje Reestructuración Deuda 2005 //” holdouts”) (Valor original US$ 23.381 millones) y excluidos del endeudamiento registrado (Ley Nº 26.017).
Es probable que la estrategia económica, de mejora de paridad de los Bonos Argentinos con la adquisición en el mercado local, por parte de la banca pública, podría haber sido mejorada, con el rescate negociado, con los “holdouts”, disminuyendo la severa presión de sus titulares, desde siempre, existente.Finalmente, las autoridades públicas deben de ser contestes, que al bajar el valor de cotización de los títulos, su repercusión, es la suba de su rendimiento (tasa de interés), con su efecto alcista, en todas las tasas de interés, acorde al “riesgo argentino” incrementado.
En estas condiciones, es ingenuo evaluar una reducción de la tasa de interés doméstica, necesaria para incrementar las inversiones productivas y reducir los costos nacionales.
La deuda pública nacional totalizó US$ 144.729 millones en 2007, representando 56,1 % del PIB, con una caída durante el año del 7,8 %. Sin embargo en términos nominales subió US$ 8.003 millones (5,9 %) en relación con el saldo de fines de 2006. El incremento se explicó, principalmente, por el aumento del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER: US$ 4.580 millones), la consolidación de deudas (US$ 1.104 millones) y la capitalización de intereses (US$ 1.088 millones).
En la composición por moneda, los pasivos denominados en Pesos, eran el 46,9 %; en Dólares 40,70 %; en Euros 10,20 %; en otras monedas el 2,20 %, del total.
A su vez, dentro del 46,90 %, de la deuda en Pesos, el equivalente a US$ 36.356 millones, está indexada al CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia), índice similar al actual IPC (Índice de Precios al Consumidor).
Es de estimar que en el año 2008, con una posible variación anual en el IPC del 9,3 %, el ajuste de la deuda externa, sea equivalente a US$ 3.381 millones. De haberse sincerado a nivel de ajuste inflacionario real (precios implícitos para la confección del PIB anual = 20 %, por ejemplo), el mayor pasivo externo público nacional, solamente por ese concepto, superaría en el 2008, los US$ 7.271 millones.
Es interesante observar, que en el “manipuleo del IPC” el Gobierno Nacional, se ha auto impuesto que la inflación oficial no debería superar, en mucho, el crecimiento del PIB a precios constantes (estimación 7,4 %) para evitar que el stock entre la relación de la deuda pública y el nivel del PIB, no supere el 56,1 %, registrado en el 2007. Parecería que con el “manipuleo” del IPC (actualmente no sirve de referencia para cálculo real alguno), el Estado Argentino se estaría ahorrando el verdadero ajuste de capital, cercano al equivalente, a los US$ 4.000 millones en el año, pero ello, coadyuva al descrédito (exacta terminología) tanto interno, como externo. La pretensión hegemónica de su imposición, a los acreedores externos, incluso, es ingenua. Al respecto, y en un concepto creativo, el IPC debería haber excluido en su metodología, la incidencia de la inflación internacional, en la valorización de los precios internos.
Ello hubiera tenido una cierta relevancia, en defensa de un ajuste, más reducido.
Mientras tanto, lo real y predominante, es que el valor actual de los Bonos Argentinos (por ejemplo, PARP $ Ley Argentina) tiene un valor de paridad del 22,33 %, casi similar a la que el mercado asigna a los Bonos, que el país mantiene impagos (Canje Reestructuración Deuda 2005 //” holdouts”) (Valor original US$ 23.381 millones) y excluidos del endeudamiento registrado (Ley Nº 26.017).
Es probable que la estrategia económica, de mejora de paridad de los Bonos Argentinos con la adquisición en el mercado local, por parte de la banca pública, podría haber sido mejorada, con el rescate negociado, con los “holdouts”, disminuyendo la severa presión de sus titulares, desde siempre, existente.Finalmente, las autoridades públicas deben de ser contestes, que al bajar el valor de cotización de los títulos, su repercusión, es la suba de su rendimiento (tasa de interés), con su efecto alcista, en todas las tasas de interés, acorde al “riesgo argentino” incrementado.
En estas condiciones, es ingenuo evaluar una reducción de la tasa de interés doméstica, necesaria para incrementar las inversiones productivas y reducir los costos nacionales.
jueves, 7 de agosto de 2008
VOLVER AL LUGAR ORIGINAL

Jeremías 33:2
Buenos Aires, 3 de Agosto de 2008.
Gretel Ledo Abogada en Derecho Administrativo Politóloga en Estado, Administración y Políticas Públicas Nueva Generación Moral
La promesa de restauración es narrada a través de una parábola. El Alfarero divino tiene la capacidad de tomar entre sus manos el simple barro para transformarlo en vasija. Cada uno de nosotros fuimos creados con un propósito especial. Somos vasijas de barro con contenido diverso que, en las manos del Alfarero alcanzamos el grado de restauración necesario para afrontar con éxito la misión para la cual hemos sido escogidos. Podemos trazar un paralelo con el versículo bíblico y las instituciones políticas de nuestro país asemejándolas a vasijas con propósitos diferenciados. El Congreso de la Nación cumple un rol trascendental que va desde el contralor interpoderes, el trazado de macropolíticas hasta la representación de minorías. En este sentido, el Parlamento constituye una pieza clave en el seno de todo sistema republicano.
Siempre que uno de los poderes alcanza un protagonismo inusitado por encima del resto, la República como tal entra en una etapa sombría en que las prerrogativas propios de cada institución brillan por su ausencia toda vez que sufren una especie de "desplazamiento no deseado".
En este contexto venía desarrollándose la República raquítica de nuestro país. Una República ficticia, meramente formal que ha logrado coronar a nuestra Constitución Nacional como una mera "tira de papeles" cargada de proclamas añoradas.
¿Qué cambió hoy por hoy en el escenario político? La respuesta la aporta una sola palabra: la RESTAURACIÓN del Congreso de la Nación. Restaurar implica volver al principio original, a la posición de dominio en el sentido de poder y autoridad institucional.
El recupero mediático y con ello la medición de la imagen positiva del Parlamento se logró a costa de una serie de conflictos que colocaron en tela de juicio la credibilidad del Ejecutivo a la hora de gestionar políticas nacionales. La ausencia de un panorama claro en torno a la tan mentada división de poderes que ha desplegado ríos de tinta, viene siendo cuestionada desde 2005. Lo cierto es que en un principio muchos argentinos toleraron ciertos avances del Ejecutivo sobre el resto de los poderes en pos de colaborar, con su inacción obsecuente, a la mentada gobernabilidad del país. De esta manera logró coronarse una forma de hacer política bastante caudillesca y personalista en la que quienes pensaban diferente terminaban atrapados bajo la lógica amicus-inimicus.
Hoy nuestro Parlamento juega de otra manera, no gracias a los mismos ciudadanos que de un día para otro modificaron su cosmovisión sobre la jugada política sino más bien, llegaron a esa instancia precipitadamente. Es decir, lejos de tratarse de un efecto deseado, el conflicto los movió a una instancia de cuestionamiento con el peso suficiente como para alterar las reglas de juego. En este sentido, la batalla que se libró por la apropiación de la noción de Nación en el conflicto que encontró enfrentados al Gobierno y al campo resultó decisiva. Tuvo que llegarse a una escalada tal de violencia simbólica discursiva que el Ejecutivo coadyuvó a reposicionar al Legislativo en un pedestal que había perdido gracias al avasallamiento fragante de sus facultades.
Antes las decisiones eran meramente unilaterales; ahora, recién ahora, podemos hablar de una tríada genuina en el esquema de división de poderes.
El conflicto con el campo abrió la senda para el tratamiento de una política integral agropecuaria tan postergada en nuestro país. Detrás del esquema de retenciones móviles se colocó en el tapete mediático una reforma tributaria que elimine la regresividad del IVA como impuesto indirecto que grava al consumo de todos por igual; la modificación del impuesto a las ganancias y, por sobre todas las cosas, el trazado de políticas federales que analicen seriamente los niveles de coparticipaciones actuales. Sumado a ello se configuró en el imaginario social el rol decisivo del campo argentino para el crecimiento económico y estratégico de nuestro país. El mismo Brasil aprovechó el río revuelto para autolanzarse como granero del mundo de cara a un futuro mediato.
El ciego del partido terminó knockout y hoy si bien toma decisiones fundamentales, se cuida de enviarlas al Parlamento. Algo cambió. El Congreso tratará la reestatización de Aerolíneas y la movilidad jubilatoria. Ambos proyectos de iniciativa del propio Gobierno resultan hoy cuestionados por ciertos sectores de la oposición. Lo enriquecedor es el estudio y debate profundo que se debe encarar en las próximas sesiones. En este sentido, hablar de un recinto sesgado por el ostracismo redefine la noción de República peyorativamente. Tanto el excesivo protagonismo del Ejecutivo como la ausencia de compromiso del Legislativo son dos caras de una misma moneda. Resultan por igual perniciosas para el funcionamiento de nuestras instituciones.
Sin duda sociedad y medios de comunicación resultaron claves para el reposicionameinto del Congreso. Con una mayoría automática en ambas cámaras, el Ejecutivo no se esperaría jamás una contraofensiva.
Un pueblo puede llegar a tumbar un gobierno. Nuestro país lo vivió con De la Rúa. El descontento popular o el apoyo total a un sector determinado son dos enemigos de los que el Gobierno teme. Por ello frente al acto inaugural de La Rural era necesaria una conferencia de prensa abierta como nunca antes se dio en la historia de este gobierno. ¿Es tanta la fuerza que tiene el campo, lo que lleva insito o es mayor el temor del Gobierno? Claro que la legitimidad de su accionar resultó cuestionada; por eso la batalla se libra en los medios. El lugar donde se pierde o se gana confianza. El lugar donde se destruye o construye poder. El mismo Parlamento con las sesiones televisadas logró con éxito una positiva decodificación de su mensaje de parte de la ciudadanía. Un mensaje signado por posiciones ideológicas bien definidas y un trabajo profundo sobre qué modelo de país pretende alcanzar.
Pese a ello, aún falta un largo camino por recorrer. Quien está bajo la lupa es el mismo Congreso. La ciudadanía observa sigilosamente el nivel de compromiso con el trabajo parlamentario. Durante mucho tiempo se lo tildó de mera Escribanía General del Gobierno. Este es SU momento histórico para conservar y enriquecer el lugar que cedió el mismo Ejecutivo siendo legislador, ejecutor y juez a la vez.
Es preciso considerar además que detrás de toda restauración existe un precio que pagar y todo precio implica un sacrificio a afrontar. Para nuestro Parlamento y, especialmente para aquellos legisladores oficialistas que heroicamente se opusieron al modelo gubernamental, la firmeza en sus convicciones es el único camino exitoso para la construcción de alternativas superadoras a la visión unidimensional del Ejecutivo.
La ética de las convicciones por encima de la ética de los intereses es la que debe prevalecer.
Siempre que uno de los poderes alcanza un protagonismo inusitado por encima del resto, la República como tal entra en una etapa sombría en que las prerrogativas propios de cada institución brillan por su ausencia toda vez que sufren una especie de "desplazamiento no deseado".
En este contexto venía desarrollándose la República raquítica de nuestro país. Una República ficticia, meramente formal que ha logrado coronar a nuestra Constitución Nacional como una mera "tira de papeles" cargada de proclamas añoradas.
¿Qué cambió hoy por hoy en el escenario político? La respuesta la aporta una sola palabra: la RESTAURACIÓN del Congreso de la Nación. Restaurar implica volver al principio original, a la posición de dominio en el sentido de poder y autoridad institucional.
El recupero mediático y con ello la medición de la imagen positiva del Parlamento se logró a costa de una serie de conflictos que colocaron en tela de juicio la credibilidad del Ejecutivo a la hora de gestionar políticas nacionales. La ausencia de un panorama claro en torno a la tan mentada división de poderes que ha desplegado ríos de tinta, viene siendo cuestionada desde 2005. Lo cierto es que en un principio muchos argentinos toleraron ciertos avances del Ejecutivo sobre el resto de los poderes en pos de colaborar, con su inacción obsecuente, a la mentada gobernabilidad del país. De esta manera logró coronarse una forma de hacer política bastante caudillesca y personalista en la que quienes pensaban diferente terminaban atrapados bajo la lógica amicus-inimicus.
Hoy nuestro Parlamento juega de otra manera, no gracias a los mismos ciudadanos que de un día para otro modificaron su cosmovisión sobre la jugada política sino más bien, llegaron a esa instancia precipitadamente. Es decir, lejos de tratarse de un efecto deseado, el conflicto los movió a una instancia de cuestionamiento con el peso suficiente como para alterar las reglas de juego. En este sentido, la batalla que se libró por la apropiación de la noción de Nación en el conflicto que encontró enfrentados al Gobierno y al campo resultó decisiva. Tuvo que llegarse a una escalada tal de violencia simbólica discursiva que el Ejecutivo coadyuvó a reposicionar al Legislativo en un pedestal que había perdido gracias al avasallamiento fragante de sus facultades.
Antes las decisiones eran meramente unilaterales; ahora, recién ahora, podemos hablar de una tríada genuina en el esquema de división de poderes.
El conflicto con el campo abrió la senda para el tratamiento de una política integral agropecuaria tan postergada en nuestro país. Detrás del esquema de retenciones móviles se colocó en el tapete mediático una reforma tributaria que elimine la regresividad del IVA como impuesto indirecto que grava al consumo de todos por igual; la modificación del impuesto a las ganancias y, por sobre todas las cosas, el trazado de políticas federales que analicen seriamente los niveles de coparticipaciones actuales. Sumado a ello se configuró en el imaginario social el rol decisivo del campo argentino para el crecimiento económico y estratégico de nuestro país. El mismo Brasil aprovechó el río revuelto para autolanzarse como granero del mundo de cara a un futuro mediato.
El ciego del partido terminó knockout y hoy si bien toma decisiones fundamentales, se cuida de enviarlas al Parlamento. Algo cambió. El Congreso tratará la reestatización de Aerolíneas y la movilidad jubilatoria. Ambos proyectos de iniciativa del propio Gobierno resultan hoy cuestionados por ciertos sectores de la oposición. Lo enriquecedor es el estudio y debate profundo que se debe encarar en las próximas sesiones. En este sentido, hablar de un recinto sesgado por el ostracismo redefine la noción de República peyorativamente. Tanto el excesivo protagonismo del Ejecutivo como la ausencia de compromiso del Legislativo son dos caras de una misma moneda. Resultan por igual perniciosas para el funcionamiento de nuestras instituciones.
Sin duda sociedad y medios de comunicación resultaron claves para el reposicionameinto del Congreso. Con una mayoría automática en ambas cámaras, el Ejecutivo no se esperaría jamás una contraofensiva.
Un pueblo puede llegar a tumbar un gobierno. Nuestro país lo vivió con De la Rúa. El descontento popular o el apoyo total a un sector determinado son dos enemigos de los que el Gobierno teme. Por ello frente al acto inaugural de La Rural era necesaria una conferencia de prensa abierta como nunca antes se dio en la historia de este gobierno. ¿Es tanta la fuerza que tiene el campo, lo que lleva insito o es mayor el temor del Gobierno? Claro que la legitimidad de su accionar resultó cuestionada; por eso la batalla se libra en los medios. El lugar donde se pierde o se gana confianza. El lugar donde se destruye o construye poder. El mismo Parlamento con las sesiones televisadas logró con éxito una positiva decodificación de su mensaje de parte de la ciudadanía. Un mensaje signado por posiciones ideológicas bien definidas y un trabajo profundo sobre qué modelo de país pretende alcanzar.
Pese a ello, aún falta un largo camino por recorrer. Quien está bajo la lupa es el mismo Congreso. La ciudadanía observa sigilosamente el nivel de compromiso con el trabajo parlamentario. Durante mucho tiempo se lo tildó de mera Escribanía General del Gobierno. Este es SU momento histórico para conservar y enriquecer el lugar que cedió el mismo Ejecutivo siendo legislador, ejecutor y juez a la vez.
Es preciso considerar además que detrás de toda restauración existe un precio que pagar y todo precio implica un sacrificio a afrontar. Para nuestro Parlamento y, especialmente para aquellos legisladores oficialistas que heroicamente se opusieron al modelo gubernamental, la firmeza en sus convicciones es el único camino exitoso para la construcción de alternativas superadoras a la visión unidimensional del Ejecutivo.
La ética de las convicciones por encima de la ética de los intereses es la que debe prevalecer.
No dejarse engañar por los placeres momentáneos del poder de turno sino construir sobre basamentos sólidos que ponderen intereses públicos por sobre los privados.
miércoles, 23 de julio de 2008
LA PAZ DE COBOS
Por el Lic. Falabella Patricio para Multimedios Prisma
La paz de Cobos está echada, la derecha dejó en claro su vocación histórica golpista para pisotear las instituciones y a quien se le ponga en frente de sus intereses, el kirchnerismo quedó herido, y las primeras carroñas ya mostraron sus dientes.
Después del rechazo en el Senado de la Nación al proyecto oficial sobre las retenciones móviles, debería llegar el momento de la pacificación social para todos los argentinos, o no fue esa una de las razones fundamentales esgrimidas por los piqueteros del agro y los Senadores que argumentaron su voto negativo en nombre de la democracia y la república. Pero sería bueno recordar que no debemos confundir energía política con cultura política, en la Argentina, la energía política es una materia prima que abunda, pero la cultura política (entre otras cosas) es un proceso de ingeniería institucional pendiente. Durante los cuatro meses de conflicto, es increíble ver como los grandes medios de comunicación han tergiversado una extorsión explicita y deliberada en un acto de liberación patriótico llevado contra un gobierno autoritario, el embuste mediático podría recapitularse así: el Parlamento escuchó a su pueblo (el pueblo racional, maduro, blanco y educado) , los mercados respondieron en alza, la profecía de la esotérica se cumplió, Julio es el mes de la emancipación y Cleto votó con el corazón. Lejos de ésta fábula, es menester desmitificar algunos supuestos de este complejo proceso, considerar los aspectos de fondo que siguen en juego y el escenario político que pos retenciones móviles nos legó la paz de Cobos.
Mucho se habló sobre golpismo, ¿pero existió realmente un golpismo?, ¿que representa la palabra golpismo en estos tiempos?, en este conflicto puntual, podemos definirlo como aquellas acciones de actores y grupos reaccionarios que posibilitaron un escenario donde las corporaciones puedan controlar la política económica del Estado Nacional, desconociendo la legitimidad de un gobierno elegido por el voto popular. El significado de este atropello de las corporaciones sobre el Estado impactan sobre dos cuestiones de fondo ineludibles, la distribución de la riqueza y el rol del Estado en la economía; en la primera, hay una clara limitación a la distribución más equitativa de la riqueza, si los ricos que más ganan -y ahora más que nunca- no están dispuestos a ceder a favor del conjunto, no podemos hablar de un país con inclusión social, “antes que distribuir hay que producir más” dicen los dirigentes agropecuarios como recién egresados de Harvard.
En la segunda cuestión, la visión neoliberal y mercado céntrica ha ganado un nuevo lugar en la sociedad, “ no queremos reintegros, no queremos que nos den nada, solo que no nos saque”, su claro desprecio hacia un Estado regulador de la Economía se condice con la regla dorada de los noventa, donde solo el mercado puede distribuir bienes y servicios en forma ordenada y justa, después, el efecto derrame distribuirá la riqueza para todos los argentinos.
Además, junto a estos claros retrocesos, la derecha campestre instaló sus bases neoliberales de la gran patria agro exportadora, defendiendo los niveles de rentabilidad extraordinaria para un grupo pequeño que concentra los recurso productivos y un sobrante que subsista de la caridad del minúsculo sector opulento, muchos de estos dirigentes y políticos pululan “no nos importa el pasado, miremos el futuro, aprovechemos la posibilidad inmejorable de los mercados internacionales”, un verdadero culto al individualismo en un país pensado solo para quince millones de habitantes.
Las palabras, justicia social, militancia política, redistribución de la riqueza, forman parte de lo que quedó afectado, de aquello que empezó a surgir después de la hecatombe de los noventa, con la emergencia de los movimientos sociales, el principio de solidaridad como eje fundamental en las relaciones sociales, donde la distribución de la riqueza no dependa de la voluntad misericordiosa del mercado ni de las clases pudientes, donde la acción positiva del Estado pueda llegar a los lugares más recónditos del país, también mirando el futuro y las posibilidades internacionales, pero sin hipotecar nuestra identidad, con verdad, memoria y justicia para los cuarenta millones de argentinos. El resumen del conflicto son dos visiones antagónica de ver la política Argentina, para los que no les gusta las divisiones y los antagonismos, sería interesante que dejen de analizar el país que les gustaría tener y empiecen analizando la realidad social como es, con sus particiones clasistas e ideológicas, con la intolerancia y el autoritarismo de sus clases dominantes, con las deformaciones del peronismo y los traidores anodinos de siempre.
LA ERA COBOS
Aron nos sugiere que la paz, puede ser una paz de equilibrio, la paz de hegemonía o una paz imperial; en la primera, las unidades mantienen, con alteraciones menores, la relación de fuerza existente. En la segunda, una de ellas domina a las restantes, y en la tercera, estas se ven absorbidas por la mas poderosa. La paz de equilibrio, parece ser la preferida por todos los analistas como resultado de la contienda entre el campo y el gobierno, donde el respeto entre ambos contrincantes estaría garantizado por el temor a la auto destrucción. Tucídides sostenía que en las relaciones entre Estados, el interés prima sobre la justicia y el derecho y que estas últimas entran a tallar únicamente cuando cada parte tiene igual poder para obligar a la otra, es decir, cuado la relación de fuerzas es pareja. Si detrás de los respectivos y antagónicos argumentos, la relación de fuerza es pareja prevalecerá una paz de equilibrio.
En caso contrario, Tucídides nos cuenta que el más fuerte de los dos hará lo que deba y el más débil hará lo que pueda. La paz de Cobos está echada, la derecha dejó en claro su vocación histórica golpista para pisotear las instituciones y a quien se le ponga en frente de sus intereses, el kirchnerismo quedó herido, y las primeras carroñas ya mostraron sus dientes.
Los próximos pasos estarán marcados por la pretensión de la derecha agraria en profundizar las limitaciones ya impuestas al gobierno y el Estado, el gobierno, intentará recuperar su espacio hegemónico para continuar con su política reformista, ¿habrá concesiones en simultaneo en esta paz de equilibrio? o la lucha por la hegemonía cobrará nuevos escenarios y actores inesperados.
La paz de Cobos está echada, la derecha dejó en claro su vocación histórica golpista para pisotear las instituciones y a quien se le ponga en frente de sus intereses, el kirchnerismo quedó herido, y las primeras carroñas ya mostraron sus dientes.
Después del rechazo en el Senado de la Nación al proyecto oficial sobre las retenciones móviles, debería llegar el momento de la pacificación social para todos los argentinos, o no fue esa una de las razones fundamentales esgrimidas por los piqueteros del agro y los Senadores que argumentaron su voto negativo en nombre de la democracia y la república. Pero sería bueno recordar que no debemos confundir energía política con cultura política, en la Argentina, la energía política es una materia prima que abunda, pero la cultura política (entre otras cosas) es un proceso de ingeniería institucional pendiente. Durante los cuatro meses de conflicto, es increíble ver como los grandes medios de comunicación han tergiversado una extorsión explicita y deliberada en un acto de liberación patriótico llevado contra un gobierno autoritario, el embuste mediático podría recapitularse así: el Parlamento escuchó a su pueblo (el pueblo racional, maduro, blanco y educado) , los mercados respondieron en alza, la profecía de la esotérica se cumplió, Julio es el mes de la emancipación y Cleto votó con el corazón. Lejos de ésta fábula, es menester desmitificar algunos supuestos de este complejo proceso, considerar los aspectos de fondo que siguen en juego y el escenario político que pos retenciones móviles nos legó la paz de Cobos.
Mucho se habló sobre golpismo, ¿pero existió realmente un golpismo?, ¿que representa la palabra golpismo en estos tiempos?, en este conflicto puntual, podemos definirlo como aquellas acciones de actores y grupos reaccionarios que posibilitaron un escenario donde las corporaciones puedan controlar la política económica del Estado Nacional, desconociendo la legitimidad de un gobierno elegido por el voto popular. El significado de este atropello de las corporaciones sobre el Estado impactan sobre dos cuestiones de fondo ineludibles, la distribución de la riqueza y el rol del Estado en la economía; en la primera, hay una clara limitación a la distribución más equitativa de la riqueza, si los ricos que más ganan -y ahora más que nunca- no están dispuestos a ceder a favor del conjunto, no podemos hablar de un país con inclusión social, “antes que distribuir hay que producir más” dicen los dirigentes agropecuarios como recién egresados de Harvard.
En la segunda cuestión, la visión neoliberal y mercado céntrica ha ganado un nuevo lugar en la sociedad, “ no queremos reintegros, no queremos que nos den nada, solo que no nos saque”, su claro desprecio hacia un Estado regulador de la Economía se condice con la regla dorada de los noventa, donde solo el mercado puede distribuir bienes y servicios en forma ordenada y justa, después, el efecto derrame distribuirá la riqueza para todos los argentinos.
Además, junto a estos claros retrocesos, la derecha campestre instaló sus bases neoliberales de la gran patria agro exportadora, defendiendo los niveles de rentabilidad extraordinaria para un grupo pequeño que concentra los recurso productivos y un sobrante que subsista de la caridad del minúsculo sector opulento, muchos de estos dirigentes y políticos pululan “no nos importa el pasado, miremos el futuro, aprovechemos la posibilidad inmejorable de los mercados internacionales”, un verdadero culto al individualismo en un país pensado solo para quince millones de habitantes.
Las palabras, justicia social, militancia política, redistribución de la riqueza, forman parte de lo que quedó afectado, de aquello que empezó a surgir después de la hecatombe de los noventa, con la emergencia de los movimientos sociales, el principio de solidaridad como eje fundamental en las relaciones sociales, donde la distribución de la riqueza no dependa de la voluntad misericordiosa del mercado ni de las clases pudientes, donde la acción positiva del Estado pueda llegar a los lugares más recónditos del país, también mirando el futuro y las posibilidades internacionales, pero sin hipotecar nuestra identidad, con verdad, memoria y justicia para los cuarenta millones de argentinos. El resumen del conflicto son dos visiones antagónica de ver la política Argentina, para los que no les gusta las divisiones y los antagonismos, sería interesante que dejen de analizar el país que les gustaría tener y empiecen analizando la realidad social como es, con sus particiones clasistas e ideológicas, con la intolerancia y el autoritarismo de sus clases dominantes, con las deformaciones del peronismo y los traidores anodinos de siempre.
LA ERA COBOS
Aron nos sugiere que la paz, puede ser una paz de equilibrio, la paz de hegemonía o una paz imperial; en la primera, las unidades mantienen, con alteraciones menores, la relación de fuerza existente. En la segunda, una de ellas domina a las restantes, y en la tercera, estas se ven absorbidas por la mas poderosa. La paz de equilibrio, parece ser la preferida por todos los analistas como resultado de la contienda entre el campo y el gobierno, donde el respeto entre ambos contrincantes estaría garantizado por el temor a la auto destrucción. Tucídides sostenía que en las relaciones entre Estados, el interés prima sobre la justicia y el derecho y que estas últimas entran a tallar únicamente cuando cada parte tiene igual poder para obligar a la otra, es decir, cuado la relación de fuerzas es pareja. Si detrás de los respectivos y antagónicos argumentos, la relación de fuerza es pareja prevalecerá una paz de equilibrio.
En caso contrario, Tucídides nos cuenta que el más fuerte de los dos hará lo que deba y el más débil hará lo que pueda. La paz de Cobos está echada, la derecha dejó en claro su vocación histórica golpista para pisotear las instituciones y a quien se le ponga en frente de sus intereses, el kirchnerismo quedó herido, y las primeras carroñas ya mostraron sus dientes.
Los próximos pasos estarán marcados por la pretensión de la derecha agraria en profundizar las limitaciones ya impuestas al gobierno y el Estado, el gobierno, intentará recuperar su espacio hegemónico para continuar con su política reformista, ¿habrá concesiones en simultaneo en esta paz de equilibrio? o la lucha por la hegemonía cobrará nuevos escenarios y actores inesperados.
lunes, 21 de julio de 2008
“Cristina Fernández tiene una gran oportunidad para relanzar su gestión”
Analistas políticos afirman que la Presidenta y su vice no deben dejarse tentar por el poder.
Toda crisis es una oportunidad si se la sabe aprovechar. Así lo entienden Gustavo Martínez Pandiani, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad del Salvador (USAL), y Hugo Quiroga, politólogo y docente de la Universidad del Litoral.
En esta cruzada bíblica abierta entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y su compañero de fórmula, Julio Cobos, las tentaciones pueden llevarlos a mal puerto. “No será una tarea fácil gestionar en este escenario, pero todo problema político representa una oportunidad para relanzarse”, señala a LA GACETA Martínez Pandiani. Las crisis políticas pueden devenir en un replanteo de gestión. En ese sentido, el decano de la USAL sostiene que el Gobierno no debe caer en la tentación de castigar al vicepresidente de la Nación, sino usar la disidencia de Cobos como una prueba de que está dispuesto a transitar el camino del pluralismo. “A partir de esa aceptación y de esa identidad política se puede construir una nación más cerca de la gente”, puntualiza.
Martínez Pandiani remarca, a su vez, que a partir de su decisión de inclinar la balanza en el Senado contra el proyecto oficial de retenciones móviles, a Cobos se le presentarán los seis meses más difíciles de su carrera política. Y eso no está vinculado directamente con las presiones que puedan surgir desde el Poder Ejecutivo, sino “en la tentación del vice de sobreactuar con lo sucedido” durante la sesión de la madrugada del jueves pasado, dice el decano universitario. En este aspecto, Martínez Pandiani le sugiere a Cobos manejar los tiempos y no dilapidar en el corto plazo la imagen que él cimentó en la sociedad a partir de su voto. “Y su lugar natural para seguir construyendo su imagen será volver a la tradicional UCR, en un puesto de liderazgo”, considera.
Necesario acercamiento
El distanciamiento entre la presidenta de la Nación y su vice no le hace bien al país, afirma Quiroga. “Corresponde en estas instancias que se reconstituya la relación institucional, aunque haya habido una crisis política en el interior del Gobierno nacional”, dice el politólogo en una comunicación telefónica desde Rosario. Según el docente universitario, los gestos de unidad de las principales autoridades del país sirven para consolidar la democracia, siendo la disidencia un elemento indispensable.
A la vez, reafirma que Cristina Kirchner necesita retomar la iniciativa política y buscar el camino para legitimar su autoridad presidencial. “Reconstituir esa autoridad es algo imperioso para el buen funcionamiento de la democracia y para que al Gobierno le vaya bien. Si a ella (por la Presidenta) le va bien, sus logros beneficiarán al conjunto de los argentinos”, resume.
Toda crisis es una oportunidad si se la sabe aprovechar. Así lo entienden Gustavo Martínez Pandiani, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad del Salvador (USAL), y Hugo Quiroga, politólogo y docente de la Universidad del Litoral.
En esta cruzada bíblica abierta entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y su compañero de fórmula, Julio Cobos, las tentaciones pueden llevarlos a mal puerto. “No será una tarea fácil gestionar en este escenario, pero todo problema político representa una oportunidad para relanzarse”, señala a LA GACETA Martínez Pandiani. Las crisis políticas pueden devenir en un replanteo de gestión. En ese sentido, el decano de la USAL sostiene que el Gobierno no debe caer en la tentación de castigar al vicepresidente de la Nación, sino usar la disidencia de Cobos como una prueba de que está dispuesto a transitar el camino del pluralismo. “A partir de esa aceptación y de esa identidad política se puede construir una nación más cerca de la gente”, puntualiza.
Martínez Pandiani remarca, a su vez, que a partir de su decisión de inclinar la balanza en el Senado contra el proyecto oficial de retenciones móviles, a Cobos se le presentarán los seis meses más difíciles de su carrera política. Y eso no está vinculado directamente con las presiones que puedan surgir desde el Poder Ejecutivo, sino “en la tentación del vice de sobreactuar con lo sucedido” durante la sesión de la madrugada del jueves pasado, dice el decano universitario. En este aspecto, Martínez Pandiani le sugiere a Cobos manejar los tiempos y no dilapidar en el corto plazo la imagen que él cimentó en la sociedad a partir de su voto. “Y su lugar natural para seguir construyendo su imagen será volver a la tradicional UCR, en un puesto de liderazgo”, considera.
Necesario acercamiento
El distanciamiento entre la presidenta de la Nación y su vice no le hace bien al país, afirma Quiroga. “Corresponde en estas instancias que se reconstituya la relación institucional, aunque haya habido una crisis política en el interior del Gobierno nacional”, dice el politólogo en una comunicación telefónica desde Rosario. Según el docente universitario, los gestos de unidad de las principales autoridades del país sirven para consolidar la democracia, siendo la disidencia un elemento indispensable.
A la vez, reafirma que Cristina Kirchner necesita retomar la iniciativa política y buscar el camino para legitimar su autoridad presidencial. “Reconstituir esa autoridad es algo imperioso para el buen funcionamiento de la democracia y para que al Gobierno le vaya bien. Si a ella (por la Presidenta) le va bien, sus logros beneficiarán al conjunto de los argentinos”, resume.
EDUCACION: UNICA GARANTIA DE INCLUSION SOCIAL
Gustavo Martínez Pandiani. Decano Facultad de Ciencias de la Educación y Comunicación. Universidad del Salvador
Un estudio recientemente difundido por la UNESCO arroja un dato tan perturbador como desafiante: la calidad de la Educación en la Argentina ha caído dramáticamente en las últimas décadas. El mencionado trabajo, destinado a medir el nivel de conocimiento de los alumnos de 16 naciones de la región, muestra a nuestro sistema educativo por debajo del de Uruguay, Chile, Costa Rica, Cuba y México.
Estos datos deben encender una luz de alarma, no sólo entre gobernantes, docentes y estudiantes sino en la sociedad toda. Mientras hoy los argentinos nos distraemos alrededor de conflictos que aunque relevantes no dejan de ser coyunturales, subsisten problemas mucho más profundos que comprometen el futuro del país y que no están siendo atendidos con suficiente ahínco.
Si bien el tema de las retenciones y la protesta agropecuaria constituyen situaciones que deben ser resueltas, se trata de dificultades de alcance acotado. Por el contrario, el notable déficit educacional que arrastra la Argentina pone en riesgo nada menos que sus posibilidades reales de insertarse con éxito en el siglo XXI.
En efecto, la más grave crisis que sufre en la actualidad la República Argentina no es de índole económica o política sino axiológica. Se trata en rigor de un acelerado deterioro de los valores esenciales que sostienen al Estado y al propio tejido social. De allí que resulte indispensable recuperar los principios que hacen de la nación un proyecto de vida en común: la cultura del esfuerzo, la solidaridad, la igualdad de oportunidades y el compromiso con lo público.
Por ello, la mejor receta para superar los problemas nacionales de largo aliento se encuentra en el terreno de la Educación. Sólo una firme apuesta por el mejoramiento de la calidad de la enseñanza abrirá la puerta hacia la reconstrucción que tanto necesitamos. Y es justamente la escuela –junto con la familia- el más propicio espacio para recuperar los valores perdidos.
No obstante, la Educación debe ser considerada mucho más que la mera transmisión de contenidos y datos. Al tradicional paradigma pedagógico-didáctico debe sumársele entonces una mirada formativa más amplia, que transforme a la Educación en una pieza clave para la inclusión social. En especial, que contribuya realmente a sacar a los individuos de la pobreza –material e intelectual- y los convierta en ciudadanos capacitados y dispuestos a ser protagonistas de la restauración del país.
En consecuencia, es vital tomar conciencia de que los subsidios y demás políticas asistenciales destinadas a los sectores más postergados son un aliciente necesario en lo inmediato, pero no representan una solución definitiva al problema de la pobreza. En esta nueva época, la Argentina debe recurrir a la Educación como plataforma de rescate de los que menos tienen. No hay justicia social sin inclusión, y no puede haber inclusión sin un sistema escolar que sea equitativo para todos.
De igual modo, el crecimiento sostenido de la macroeconomía debe ir acompañado de un genuino desarrollo humano, tanto en lo individual como en lo colectivo. Resulta esencial así que la Educación vuelva a ser el instrumento dinamizador de la movilidad social que supo ser en tiempos de nuestros padres y abuelos.
Para ello, el sistema educativo argentino requiere de una reforma integral que opere al menos en tres niveles. Por un lado, que recomponga la lógica de incentivos (premios y castigos, les decían nuestros ancestros) que caracteriza a toda sociedad avanzada. En segundo término, que incorpore una mirada formativa en valores que fomente el sacrificio personal y genere los líderes que tanto necesita el país. Y, finalmente, que brinde a los jóvenes herramientas concretas para afrontar con compromiso social los desafíos del tercer mileno.
En definitiva, para superar el imperante paradigma del facilismo, se necesitan maestros con autoridad y escuelas que sean más que improvisados comederos y centros de distracción para niños y adolescentes.
En épocas en que la brecha del conocimiento que separa a las personas y a los países amenaza con transformarse en mayor que la propia brecha económica, la Educación representa el más formidable motor del progreso. De allí que la Argentina del Bicentenario deba convertir a la escuela en su principal vehículo de inclusión social, asumiendo el Estado la responsabilidad de desarrollar políticas públicas que aseguren una educación gratuita, equitativa y de calidad para todos los ciudadanos.
Es hora de que los argentinos comprendamos que las lecciones de Sarmiento bien pueden convivir con las de Perón. Y que la Justicia Social del siglo XXI se llama Educación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)